domingo, 19 de enero de 2014

Tom Dillehay: LOS VALLES DE PURÉN-LUMACO Y LIUCURA, CHILE Parte 1

Tom D. Dillehay
José Saavedra Zapata


Durante los últimos 35 años hemos llevado a cabo investigaciones arqueológicas,  etnográficas y etnohistórica primariamente en las comunas de Lumaco y Purén, en el valle del mismo nombre, en la IX Región y secundariamente en la comuna de Pucón, en el valle de Liucura, en la X Región de la Araucanía, en Chile. 



Estas se han centrado  fundamentalmente en cinco temas:  (1) la creación y desarrollo histórico de los montículos mapuches conocidos con el nombre de «kuel» entre los siglos X y X, y el   inicio del desarrollo de la complejidad social en el área de estudio;  (2) la forma en que los dirigentes de los grandes linajes patrilineales fueron reorganizando y creando nuevas instituciones tradicionales con la táctica de contratación e incorporación de linajes fragmentados en sus propios grupos a través de ceremonias y festejos en los que se anexaba grupos vecinos con la finalidad de ampliar su base de poder político y militar;  (3) los símbolos culturales del paisaje araucano, el significado de los monumentos y el los rituales ceremoniales, así como la función sacerdotal de los chamanes como mediadores entre los mundos espirituales y de vida en los últimos tiempos; (4) el modo en que la identidad y el poder de los araucanos se ampliaron mediante la incorporación de elementos de el modelo andino-inca con su autoridad de Estado y poder de organización; y  (5) la manera en que se la política identitaria de los araucanos (veáse Dillehay 2007) conformaron un territorío de resistencia ante poblaciones foráneas. El estudio de estos temas ha combinado el resultado de las excavaciones arqueológicas y los estudios etnohistóricos y etnográficos realizados en los valles de Lumaco, Purén y Liucura. 

El valle de Lumaco y Purén contiene más de 300 montículos (Fig. 3). Algunos de ellos son grandes complejos que comprenden amplias vistas de pantános y se asocian a una extensa  gama de sitios locales, sistemas agrícolas y, en ocasiones, cimas defensivas en cerros aledaños. 



Constituyen el primer hallazgo de complejos de montículos en los Andes del Sur y el único lugar de La Araucanía (poblaciones que viven al sur del territorío araucano entre los ríos Bío-Bío y San Pedro o Calle Calle), relacionada con estas expresiones monumentales, donde aún se practican sus rituales asociados. En este sentido, Lumaco y Purén constituye un grande y extenso valle sagrado, excepcional en su valor antropológico, y una oportunidad única para estudiar la creación y desarrollo de una sociedad compleja de montículos y su continuidad en el tiempo (Dillehay 2007). 

Esta monografía es el segundo trabajo de una serie sobre la arqueología, etnohistoria y etnografía de los montículos de tierra y otros rasgos culturales en el valle de Lumaco y Purén. En ella  se presentan datos arqueológicos descriptivos de nuestras primeras visitas al valle, que se llevaron a cabo en diferentes momentos entre los años 1978 y 1990, y de modo más sistemático ntre los años 1995 y 2005. Cada sitio arqueológico se describe junto con su cronología y filiación cultural. Además, se incluyen fotografías y mapas de los sitios más grandes e importantes, entre los que aparecen «kuel», terrazas agrícolas y canales. También, más como un apendice, se presenta los resultados de reconocimiento arqueológico sistematico en el valle de Liucura (véase Fig. 35), en la zona de Pucón, realizado en el año 1995. 

Los montículos de tierra (kuel en lengua nativa mapuche) son percibidos por las personas y sus parientes, que viven y participan de ceremonias públicas y pueden conversar con machis-chamanes sobre el bienestar y el futuro de la comunidad, y, por lo tanto, tienen gran influencia sobre las personas (Dillehay 1985, 2001 y 2007). Los sitios arqueológicos más antiguos con expresiones kuel se asocian al aumento de las dinastías tardías de linajes patrilineales prehispánicos, que rápidamente se convirtieron en la base de la primera historia, el primer «Estado» o la primera política araucanos, tal como lo refieren los primeros españoles asentados en la región de Purén y Lumaco. 



Esta política ha resistido con éxito la intrusión europea y lo ha hecho más que cualquier otra sociedad indígena en la historia americana. Los araucanos no fueron conquistados e influenciados por los españoles como lo fueron otros grupos de nativos de América del Sur. Al contrarío, luego de sus esporádicos contactos en la segunda mitad del siglo xvi, derrotaron a los españoles y los expulsaron de su territorío por casi 300 años, entre fines del 1500 y finales del 1800. En este proceso, los araucanos establecieron una frontera militar formal y un territorío soberano, reconocido por la Corona española. Esta frontera se mantendría invencible hasta la derrota que les causara el ejército chileno a fines del siglo xix. En la actualidad, una de las primeras y más fuertes resistencias políticas a lo de largo de la frontera se encuentra en el valle de Lumaco y Purén, donde se encuentra la más antigua y elaborada cultura de montículos. Su presencia refleja el relativamente alto grado de complejidad social y poder político existente en el valle durante el período bajo estudio.  

Decimos sociedad compleja porque, a fines de la época prehispánica y al interíor del área de estudio, se establecieron varíos «niveles de jefaturas» y comunidades constructoras de montículos, inicialmente pequeños aunque también los hubo grandes. El papel que tuvieron estos montículos de tierra y otros monumentos en la formación de la sociedad araucana se debe a su relación con el poder político y las diversas formas tradicionales de liderazgo y autoridad, acción y poder: la identidad y la memoria, el paisaje y la ceremonia sagrada, la institucionalización del espiritualismo y la curación chamánica, las normas intergrupales de compatríotismo, las guerras de baja intensidad, la nucleación de los asentamientos y la agricultura intensiva. 

Durante de largo tiempo, los arqueólogos han considerado que los monumentos representan una conspicua señalización de territorialidad y constituyen un registro de las relaciones sociales en el pasado. Así mismo, han reconocido muchos patrones de la disposición de montículos, menhires, túmulos y otras edificaciones, y han propuesto diferentes funciones y significados para explicar su recurrencia en el tiempo y en el espacio. En el ámbito mundial, los arqueólogos le han atribuido, a este tipo de edificaciones, un papel importante en el desarrollo temprano de la complejidad social y política de los monumentos públicos y, sobre todo, de los centros ceremoniales (Grove 1981, Milner 2004 y Pauketat 2004). A pesar de ser muy variados en sus formas y dimensiones, así como en la gama de actividades asociadas a ellos, estos centros representan la focalización arquitectónica de prácticas e interacciones comunales a través de las cuales se producen y reproducen las estructuras de autoridad y estratificación social. Varíos de estos lugares de integración social se han identificado como monumentos públicos, que suponen funciones como la regulación de la competencia ritual de la fiesta de los retenedores, la manipulación de símbolos religiosos y exóticos, la elaboración de nuevas técnicas de producción, la facilitación del comercio e intercambio de productos exóticos, así como la proliferación de otros no asociados a estas interacciones (Brumfiel 1987, Clark y Blake 1994, Helms 1979 y Stanish 2003, entre otros). Los primeros monumentos también fueron vistos como nodos regionales de la intensa interacción que supone la construcción e intervención de mayores y más amplios paisajes ideacionales y políticos (por ejemplo, Bradley 1998 y Lane 2001). Los montículos araucanos no son diferentes de otros monumentos indígenas presentes en todo el mundo: ellos también son monumentos públicos que revelan un cierto nivel de complejidad social y el significado e importancia de la estructura política y la religión. 

También es necesarío destacar la forma y el significado que conlleva la arquitectura monumental de varias sociedades formativas de América del Sur. Aunque variadas a lo de largo  del continente, las formas generales de estas construcciones van desde pequeños montículos de tierra y recintos rituales de piedra que datan de entre los 7000 y los 600 a. C. en los Andes y la región oriental de las tierras bajas tropicales de la Amazonía hasta las grandes estructuras ceremoniales en forma de U que datan de entre los 4500 y los 500 a. C. en el Perú. En esta escala, las zonas costeras y altas de Perú, el sur de Ecuador y noreste de Bolivia exhiben los más grandes y también los más tempranos monumentos (Burger 1992). 

Hace 4000 años, algunos centros monumentales ceremoniales de la costa norte de Perú albergaban poblaciones permanentes, mientras que otros servían, probablemente, como centros de peregrinaje. Patrones similares, pero más tardíos, se observan en el centro-sur de los Andes de Bolivia, en el norte de Chile y y en el noroeste de Argentina. En las tierras bajas del sureste de Brasil y el norte de Uruguay, se encuentran las primeras sociedades constructoras de montículos. Estas se caracterizan por un estilo de vida de aldea y han sido datadas con una antigüedad de 4000 años. Independientemente de su tiempo, lugar y forma, la mayoría de los arqueólogos ve, en los monumentos del formativo, construcciones en el paisaje asociadas a la autonomía territorial, a agrupaciones organizadas ya como sociedades jerarquizadas (Janusek 2004 y Stanish 2003), a múltiples comunidades políticamente estratificadas, a políticas de competencia entre pares o a incipientes Estados (cf. Haas y Creamer 2006). 

Como se analiza en anteríores artículos (Dillehay 1985, 2001 y 2007), la construcción de montículos araucanos se cree que representa una manifestación tardía y local en el centro-sur de Chile de una manifestación andina y amazónica más amplia de construcción y desarrollo de montículos. 







sábado, 4 de enero de 2014

¿Los mapuches convertidos al catolicismo? de Luis Vitale





 Durante la Colonia y el siglo XIX, la jerarquía de la  Iglesia Católica se ufanaba por haber logrado su misión de evangelizar a estos "indios sin alma". 

Tiene la palabra un mapuche del siglo XVII, a través de una carta enviada al rey Felipe IV por el mismísimo procurador de la Compañía de Jesús, Lorenzo Arizábalo: 

"es tan grande el odio que los indios tienen con los españoles, que habiendo de ajusticiar a un indio, y para convertirle, diciéndole los bienes que hay en el cielo, y de que él ganaría si se convirtiese, respondió: ¿hay españoles en ese cielo que has pintado?. Y respondiéndole que sí, dijo él: pues si hay españoles en ese cielo, no quiero ir a él" 

(carta reproducida por Miguel de Olivares: Historia Militar, Civil y Sagrada del Reino de Chile, Santiago, 1864, p. 14). 

También es reveladora la carta del 8 de noviembre de 1672 enviada al rey de España por Juan Henríquez de la Capitanía General de Chile: 

"los indios no son, ni han sido cristianos. Antes sí son i han sido siempre tan contrarios a nuestra fe, que no hai cosa que tanto aborrezcan como el nombre de cristianos" (citada por Alejandro Fuenzalida G.: Historia del desarrollo intelectual de Chile (1541-1810), Santiago, 1903, p. 325)  

El cronista Vicente Carvallo y Goyeneche comentaba en su libro Descripción histórico-geográfica del reino de Chile que mientras los mapuches cortaban la cabeza de un Cristo en el fuerte de Buena Esperanza 

"zaherían a los prisioneros (españoles), diciéndoles que ya les habían muerto a su Dios, y que ellos eran más valientes que el Dios de los cristianos". 

No obstante, el historiador Jaime Eyzaguirre insistió en la página 103 de su Historia de Chile que la Iglesia trató de manera igualitaria a los mapuches: "los miró en esencia como iguales". 

Quién no sabe que la conquista de América se hizo bajo el signo de la cruz y la espada, con el objetivo manifiesto de encontrar montañas de oro. Desde las primeras cartas de Colón se trasluce el ansia de dinero, esa "celestina universal", de la que hablaba Shakespeare. 

 En 1503, Colón escribía desde Jamaica a la reina Isabel: 

"cosa maravillosa es el oro. Quien tiene oro es dueño y señor de cuanto apetece. Con oro hasta se hacen entrar las almas al paraíso". 

En verso, Lope de Vega lo dijo todo: 

"so color de religión van a buscar plata y oro del encubierto tesoro" 



La sed de oro de los conquistadores y, en particular la de Pedro de Valdivia -que le costó la vida- fue descrita por uno de los más brillantes cronistas españoles, Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán en Cautiverio Feliz: 

"y así determinaron matarlo luego con un género de tormento penosísimo que le dieron, llenándole la boca de oro molido y con un garrote ahusado que llevaban, se lo iban entrando por el gaznate adentro y le iban diciendo que pues era tan amigo del oro, que se hartase y llenase el vientre de lo que tanto apetecía". 


MEDIO MILENIO DE  DISCRIMINACIÓN AL PUEBLO MAPUCHE 

Luis Vitale

domingo, 16 de junio de 2013

El Otro saqueo al Pueblo Mapuche: El Canelo y La estrella de Arauco. (Aukanaw)



El nombre científico de esta planta está compuesto por dos palabras que tiene el siguiente significado: Drimys, en griego, significa  picante por el sabor de la corteza, acre  ardiente, semejante a la pimienta; y Winteri por el apellido Winter. 
John Winter: médico inglés que acompañó al corsario Francis Drake en su cruce del estrecho magallánico y que en 1579 dió a conocer por primera vez en Europa el canelo o Foye, aconsejándolo para combatir el escorbuto. De aquí que antiguamente se conociera la corteza de Foye en Europa como corteza de Winter. 
Formó parte de muchos medicamentos, entre otros el Vino diurético amargo de la Caridad . 
El profesor Juan A. Domínguez nos señala que el canelo tiene virtudes afrodisíacas, y que esta especie vegetal, o alguna variedad muy cercana, es conocida en el Brasil corno  Casca d'anta, Paratudo o Canela amarga; en Venezuela la conocen como Corteza de Malambo; en Colombia como Palo de ají, y en México como Chilillo o Palo picante. 
El Foye posee además cualidades tintóreas: su madera triturada y sus hojas sirven para teñir los hilados de color verde. 
El  Foye es el árbol cósmico y sagrado de los mapuche. Su tronco se halla en correspondencia con el eje cósmico, o Axis Mundi, y el punto de intersección del mismo con el plano horizontal de la Tierra, o Mapu, determina el Centro del Cosmos o del Mundo. Sus raíces se hunden en los inframundos y sus ramas más altas alcanzan el más elevado de los cuatro cielos, lugar donde se manifiesta la Divinidad.  
El árbol es por sí solo una manifestación de la Divinidad, o teofanía. 
Las ramas de este árbol generalmente salen del tronco de cuatro en cuatro, como una cruz. Cada uno de esos puntos a lo largo del tronco determinará un nivel cósmico o  "cielo", en tanto que las cuatro ramas desplegadas en forma crucial en cada uno de esos niveles indicarán los cuatro caminos o "ramas" que presenta cada uno de los distintos planos en que se desarrollan, así como su proyección sobre la Mapu. (Ver pára más datos nuestro artículo "La estructura del Cosmos según los Mapuche"). 
  
El tronco de Foye o canelo es, como dijimos, coincidente con el eje cósmico, y en el Ngillatun está representado por el p’raprawe(tronco de canelo o que pretende ser tal) con escalones tallados. 
  
El Foye, dado que es una manifestación de la Divinidad, es llamado en ocasiones (actualmente)  Iñ Chao Rayülelu es decir Nuestro Padre Florido; y puesto que el Cosmos también es la manifestación de la Divinidad, es lógico que el Cosmos mismo sea representado por el Foye o canelo. Este hecho se puede apreciar cabalmente en el kultrun (tambor chamánico mapuche) cuya caja, que representa la mitad material del Cosmos, está tallada en madera de este árbol sagrado. La otra mitad, la bóveda celeste, es invisible y el parche indica nuestro nivel dentro del Cosmos, en tanto que la baqueta es el puente para pasar de un nivel a otro, un "arco iris". Pero este asunto es otro tema. 
  
La Nación Mapuche tiene razones bien concretas y lógicas para efectuar todas sus reuniones cívicas, bélicas y sagradas al pie del Foye o  canelo, del todo análogo al Árbol de la Vida de las tradiciones semitas, o al Ygdrassil nórdico, o la Ceiba o el Nopal mesoamericanos, pero su explicación nos llevaría demasiado lejos de la temática que estamos exponiendo. 
  
La flor del canelo como símbolo ha recorrido bastante historia. Se sabe tradicionalmente que los mapuche, en tiempos precolombinos, poseían estandartes o banderas (la forma precisa no se recuerda) en los que se ostentaba una estrella de ocho puntas. Descartamos de plano la objeción de algunos investigadores, como R. Casamiquela, que basándose solamente en un insubstancial argumento lingüístico, pretenden negar este hecho. La bandera en cuestión podía ser negra, con la estrella blanca, o plateada (forma más usual), o paño blanco con la estrella negra. 
  
Esta estrella simboliza la flor del Foye o canelo que, para las reglas iconográficas mapuche, se debe representar con  ochopétalos. 


    
Ampliación contrastada de una flor de  Foye que torna evidente la... estructura estilizada por la simbología mapuche



Machi mapuche con su  kultrun (tambor) y  wada (sonaja) sobre el p'raprawe (tronco de  Foye tallado), eje cósmico mapuche, culminando su viaje chamánico al más alto de los "cielos". Su cuerpo reproduce de manera virtual y en pequeña escala lo que su alma realiza de manera efectiva y en grandes proporciones en otros ordenes de realidad. (foto de Louis Faron) 
  
El uso de esta estrella de ocho puntas en las banderas de los ejércitos mapuche se halla documentado y graficado por los cronistas militares españoles, y su vigencia aún hoy persiste, aunque deformada, en los pabellones de algunas comunidades williches de Chiloé, como lo hemos podido constatar.  
Por ejemplo en el caso de la foto de abajo (Don Pedro Huenteo) se ha quitado una punta a las ocho dejando tan solo siete, esto es debido a la influencia prestigiosa de la estrella pentagonal (la "estrella solitaria") de la bandera chilena, pero se ha mantenido la estructura general anterior. El resto del pabellón puede ser copia de las antiguas banderas chilenas o ser propia de los williche, y dado que los chilenos han copiado en esto a los mapuche se ha de ser cauto a la hora de definir el orígen de las cosas y no caer en prejuicios etnocéntricos, o facilismos carentes de valor. 
Aclaremos que el número 7 así como el 5 es un número nefasto (nec-fasto), en cambio 4, 8 y 12 son los números fastos o favorables por excelencia. En idioma mapuche los términos "izquierdo", "nefasto" e "impar" se designan con la misma expresión: wele. Todo número impar es desfavorable y aciago por eso se lo evita, pero todo número par es auspicioso y se lo remarca. 



Batalla de Kilakura entre fuerzas invasoras españolas y el ejército mapuche.
Obsérvese que en la bandera que llevan los mapuche, a la derecha, aparece la flor del canelo estilizada 
  
Esta regla no tiene excepciones de ningún tipo, ni podría tenerlas, y si en los parches de los  kultrun (= tambor sagrado mapuche) de algunos Machi aparecen estrellas pentagonales el hecho sólo indica que esa persona ha perdido el sentido de su propia tradición espiritual y cultural puesto que no solo copia símbolos ajenos sino también  contrarios a la cosmovisión de su cultura.  
Lo mismo puede decirse de banderas con igual característica usadas en rogativas (Ngillatun). 
Si todo esto es grave, mucho más preocupante es el asunto de una cierta bandera que anda circulando por allí, y especialmente en Argentina donde no se conoce su verdadero origen. Nos referimos a una bandera que falazmente se quiere hacer pasar por el pabellón de la Nación Mapuche cuando tan sólo es un engendro 
concebido por un sector político de la izquierda chilena y cuyo simbolismo es completamente discordante con la Tradición Mapuche.  


Bandera que  falazmente se pretende hacer creer -no sólo a los "blancos" sino también a los mismos mapuche del Neuquén- que es la bandera de la Nación Mapuche, cuando en realidad es solo el distintivo que identifica a una pequeña fracción escindida del Partido Socialista chileno autodenominada "Consejo de todas las tierras" (Aukiñ Wallmapu Ngulam) liderada por Aucan Huilcaman..
    
  

  
Don Pedro Huenteo, ex Longko de Chiloé, su esposa, su hija y su nieta junto a la bandera Williche (Chadmo central, Chiloé. 1985) Nótese la estrella en la bandera. (Fragmento de una foto del Dr. Carlos López von Vriessen) 
  
La estrella mapuche octogonal a veces suele estilizarse con cuatro trazos simples, adquiriendo el aspecto de un asterisco. (Véase el grabado adjunto de la batalla de Kilakura). Este emblema nacional mapuche fue adoptado por los criollos chilenos durante las gestas de la independencia en el siglo pasado. En ocasión de crear su pabellón nacional, siguieron la moda política del momento "el indigenismo ideológico", como se lo ha dado llamar. Y decimos moda con toda propiedad puesto que, por ejemplo, las damas de los sectores poderosos de la sociedad chilena durante la gesta independentista se engalanaban en las lujosas soirées patrióticas con joyas de plata mapuche, llegando algunas de ellas hasta vestir prendas del ajuar femenino indígena. 
No olvidemos que Argentina y otros estados americanos hicieron lo mismo con sus enseñas nacionales, en mayor o menor grado, incluso en sus propios himnos nacionales.  
Tomaban símbolos indígenas para contraponerlos a los de la Metrópoli, buscar otra motivación a este hecho es falsear la historia. Simpatía al aborigen jamás se tuvo, y el "buen salvaje", "el hombre natural" de Rousseau, era tan sólo un modelo formal usado por los burgueses americanos en su lucha contra los aristócratas de la nobleza europea.  
El indio en sí no les interesaba. José de San Martín cuando en una famosa frase dice "nuestros hermanos los indios" solo recurre a una mera figura retórica, tal como lo hacían todos sus contemporáneos, él como cualquiera de ellos simplemente despreciaba al indio y lo consideraba como salvaje. Belgrano al proponer un indígena como rey de las Provincias Unidas también sigue este mismo esquema.  
Todos usan al "indio" pero nadie se interesa realmente por él, ni siquiera para conocerlo; se sabe más de las piedras, animales y plantas que de los aborígenes.  
Veamos otro ejemplo. 
El Himno Nacional de Chile (versión antigua) dice: "De tres siglos lavamos la afrenta, combatiendo en el campo de honor", lo que evidencia claramente la intención de los patriotas chilenos de identificarse con la Nación Mapuche, por trescientos años vencedora y jamás derrotada por los hispanos. 
De resultas, la bandera chilena toma los colores de guerra usados por los mapuche, tal como nos lo dice Ercilla en La Araucana.

Cubierto de altas plumas, muy lozano, 
siguiéndole su gente de pelea,
por los pechos al sesgo atravesadas
bandas azules, blancas y encarnadas.
Canto XXI Verso 317 


  
Antigua bandera chilena
  
Actualmente algunos chilenos soslayan esta situación de apropiación cultural interpretando estos tres colores con explicaciones arbitrarias y pueriles.  
El escudo chileno presentaba una columna con dos lanzas cruzadas, llamada el Árbol de la Libertad, y no era otra cosa, que el Foye o canelo estilizado como... columna (!) (típico toque masónico, junto con la muy típica divisa masónica "Post tenebras lux"). 



La estrella de 8 puntas o cruz foliada es la representación simbólica de la flor del  Foye, y emblema nacional mapuche. 



Representación estilizada de la estrella de 8 puntas, usada también por los mapuche.
   
Tanto el escudo como la bandera presentaban flores de ocho pétalos blancos con centro amarillo, utilizadas a guisa de estrellas. El número de las mismas en las enseñas fue tan variable como modelos hubo, y en ciertos casos se las reemplazó por una estilización en forma de  asterisco, en color amarillo. Todo esto se encuentra bien documentado y existen abundantes testimonios iconográficos.  Véase al respecto la numerosa documentación gráfica que aporta Gastón Soublette Asmussen en su obra La estrella de Chile.
Por razones propias y convenientes de la institución masónica, cuya explicación nos alejaría completamente del objeto de esta nota, la estrella de ocho puntas fué reemplazada por la de cinco, actualmente vigente.  
Para más datos, el mismísimo  Bernardo O'Higgins explicó el significado de la estrella diciendo que era La estrella de Arauco, y años más tarde esta explicación fue desarrollada en el decreto que se dictó para fijar la composición del actual escudo nacional: "La estrella de plata es el blasón que nuestros aborígenes ostentaron siempre en sus pendones, y el mismo que representa ese caro pabellón a cuya sombra se ha ceñido la patria de tantos y tan gloriosos laureles."
La paradoja tragicómica en todo esto es: muchos mapuche pierden su tradición espiritual de la estrella de 8 puntas (los más), y entonces copian la prestigiosa estrella del invasor que tiene sólo 5 puntas, pero sin saber que el invasor la copió a su vez - y luego la alteró- de los antepasados de esos mismos mapuche, que SÍ poseían esa tradición sagrada.!!!


Aukanaw:  La Ciencia Secreta de los Mapuche

viernes, 17 de agosto de 2012

Cómo se reveló el secreto mapuche

El antropólogo norteamericano Tom Dillehay, el mismo que descubrió en Monte Verde (Chile) el primer asentamiento humano de América, acaba de publicar un libro en el que explica por qué los mapuches eran, a la llegada de los españoles, una sociedad más desarrollada de lo que hasta ahora se pensó.



A estas alturas, Tom Dillehay no tiene opción: su trabajo está marcado por el sur de Chile. Y si el resto del mundo pone atención a lo que ha hecho, el sur de Chile - la valoración, la lectura, el relato que se haga al respecto- tendrá que estar marcado por Tom Dillehay.

Este antropólogo y arqueólogo estadounidense ha liderado dos investigaciones cruciales para el patrimonio chileno. La primera fue el hallazgo de Monte Verde, el asentamiento humano más antiguo de América. La comunidad científica norteamericana se resistió por años a validar el hallazgo y a su investigador: Dillehay recién tuvo su revancha en 1997, cuando la validez de Monte Verde terminó de reconocerse.

La segunda investigación no es un sitio. Al menos no "sólo" un sitio. Tiene que ver con monumentos, sepulturas, ancestros, machis y centenares de cerros artificiales que cuentan una historia sorprendente sobre la cultura mapuche.

En 1976, cuando recorría la zona de Lumaco junto al arqueólogo Américo Gordon, Dillehay se encontró con unos montes sepulcrales. Años más tarde volvió junto al lingüista Gastón Sepúlveda, y vio que uno de esos montes estaba en un campo de nguillatún que aún usaban las machis. "Fue entonces cuando aprendí la palabra araucana para esos montes: kuel", dice Dillehay. "Me llamó la atención como antropólogo, porque esos elementos son marcadores de un cierto desarrollo sociocultural de una sociedad indígena", recuerda, al teléfono desde su casa en Nashville, Estados Unidos.

El resultado de su trabajo acaba de ser publicado en Estados Unidos. El libro se llama Monuments, Empires, and Resistance: The Araucanian Polity and Ritual Narratives (Monumentos, imperios y resistencia: la organización política y las narrativas rituales araucanas). Aún sin traducción al español, el libro describe el rol central de los kuel (montes que los mapuches construían usualmente sobre un sepulcro) en su organización y su comunicación entre ellos, con los muertos, con la tierra y con los dioses.

Las funciones de un kuel van desde lo espiritual hasta lo práctico: albergan los espíritus de la machi, nutren la relación entre los vivos y sus ancestros, transportan los espíritus de los ahí sepultados al mundo de las deidades y los ancestros, son mapas o hitos espaciales que marcan la identidad de las familias y linajes, son escenario de rogativas y danzas de las machis en nguillatunes u otras reuniones públicas, y guían a las personas en su comportamiento.



En el valle de Purén y Lumaco se han registrado más de 300 kuel. "Hay cientos de kuel asociados con asentamientos bastante grandes prehispánicos, que reflejan una población indígena muy grande y organizada", dice Dillehay.

Él concluye que los mapuches resistieron 300 años la conquista de su territorio en gran medida gracias a estos túmulos, que les daban una ventaja práctica (vigilar al enemigo y coordinarse entre ellos) y una espiritual. Porque a través del kuel los mapuches se sentían apoyados por dioses y ancestros.

Durante la guerra contra los españoles, los mapuches construyeron sus montes más grandes y complejos. Los kuel fueron la marca en el paisaje de una sagrada lealtad política y un nacionalismo étnico emergente.

Pero la lectura de los kuel no termina en la guerra, la victoria y la resistencia. Muy por el contrario, es una historia que se mantiene viva. Dillehay recogió las palabras de la hoy difunta machi Carmen Curín en 1994 y las reproduce en su texto: "Éste es un asunto antiguo: caminar lentamente sobre la tierra y el kuel apreciando sus necesidades y su cercanía a los sentidos y forma humana, con conocimiento de la historia que radica en ellos y que ellos cuentan, y anticipando la historia que vendrá. Los kuel son nuestros espírituos emparentados. Nos enseñan; aprendemos cómo vivir y cómo trabajar con ellos".

Los principales guías de Dillehay para entender los kuel fueron machis y ancianos líderes de las comunidades locales. Y ganarse su confianza sería crucial para el paso siguiente: excavar. Dillehay pudo ver a su objeto de estudio en acción: las ceremonias de las machis en algunos kuel, la relación de la comunidad con ellos. Sin embargo, excavar era imprescindible para "escuchar" lo que los propios kuel podían decir sobre su pasado. Aunque la ignorancia sobre su existencia o la simple falta de cuidado habían destrozado algunos de estos túmulos - cortados, por ejemplo, en el proceso de construcción de caminos- , esta vez se trataba de excavaciones pactadas y controladas: se respetarían los sepulcros y en las obras trabajarían personas de las comunidades mapuches del lugar.

"Los diferentes tipos de suelo de un kuel están compuestos de sedimentos locales y también de zonas distantes, que probablemente son de otros grupos", explica Dillehay. Es evidencia importante: si para construir el kuel hubo aporte de comunidades mapuches no vinculadas por parentesco, significa que su sociedad estaba más desarrollada de lo que se suponía hasta hoy.

El geólogo Mario Pino, que participó de las excavaciones, recuerda las complejidades de esa etapa. "El día que comenzamos a excavar un kuel granizó, algo muy inusual, y eso puso a muchos mapuches nerviosos", recuerda Pino. "Una de las machis que Tom conocía llegó para hacer una rogativa; eso les dio la confianza de que estaríamos protegidos".

"Cuando uno está excavando desde las siete de la mañana a las cinco de la tarde, seis días a la semana, por dos meses, en un mismo sitio, uno logra una relación muy estrecha, muy buena con las familias. Es un contacto muy fructífero", explica Dillehay. "Ahora, cada vez que vuelvo, es para visitar a amigos con los que comemos conversando. Es la parte rica del trabajo".

La parte más reciente del trabajo de Dillehay sigue ligada a la tierra: es el estudio de la historia de la agricultura de los mapuches en la zona. "Por lo general se piensa que los mapuches, al momento de la llegada de los españoles, eran cazadores, recolectores y pescadores, y que escasamente practicaban la horticultura", dice Dillehay, pero adelanta que, como los kuel, los tipos y técnicas de cultivo también revelan una sociedad más avanzada. "Hemos encontrado estructuras de plataformas agrícolas para intensificar la producción que revelan una seria labor cultural".

"El trabajo de Dillehay nos muestra una dimensión escondida, aunque no desconocida, de los antiguos mapuches en el sur", dice el antropólogo José Bengoa, especialista en el estudio de la cultura mapuche y autor citado recurrentemente en el libro de Dillehay. "En la imaginación no racista, que no ve al indio como primitivo, esta investigación (de Dillehay) abre una veta para comprender al indio chileno de manera espectacular".

"Desde La Araucana hasta Barros Arana, quienes escribieron sobre los mapuches tendieron una gran cortina", comenta Bengoa. "Con trabajos como éstos se está haciendo un esfuerzo por develar ese pasado que no conocíamos".

Desde su casa en Tennessee, donde se encuentra la Universidad de Vanderbilt, en la que dirige el Departamento de Antropología, Dillehay intenta explicar por qué de pronto se ha visto involucrado en investigaciones capitales para la valoración del patrimonio chileno. "Cuando llegué a Chile, a los veintitantos años, encontré un mundo que no había experimentado antes", explica. "Chile me abrió los ojos y me abrió el corazón".

Dillehay rescata la profundidad de relaciones con colegas, alumnos y muchos mapuches. "Llegué a ser muy cercano con mucha gente", comenta. "He estado 32 años trabajando allá. He recorrido muchos caminos, a pie, a caballo, en auto. Hay muchos datos que he recogido que nunca voy a terminar de publicar", comenta. "Es una decisión que tomé hace muchos años: Chile es un compromiso para mí. Y espero que los chilenos me apoyen

miércoles, 27 de junio de 2012

Medicina Y Psicología Mapuche por Aukanaw


BASES METODOLÓGICAS
La ACTITUD ADECUADA
En el presente artículo se considerará a la medicina desde una perspectiva hierológica en general y mapuche en particular.
"No se trata de analizar culturas como se analizan los sueños de un paciente, esto es reduciéndolos a signos que descubran ciertas modificaciones en el psiquismo profundo; en lo sucesivo se trata de ver en ellas las creaciones culturales de los pueblos extraoccidentales, de intentar comprenderlas con la misma pasión intelectual que se ha puesto en comprender el mundo homérico, los profetas de Israel, o la filosofía mística del maestro Eckhardt.
Se deben abordar con el mismo respeto y el mismo deseo de aprender que los que se han dispensado a las creaciones culturales occidentales, no ya en el lenguaje utilitario y empírico actual (que sólo es capaz de llegar a las realidades sociales, económicas, políticas, médicas, etc.), sino en un lenguaje cultural capaz de expresar realidades humanas y valores espirituales...". "La actitud apropiada para captar el sentido de una situación humana ejemplar no es la objetividad del naturalista, sino la simpatía inteligente del exégeta, del intérprete." 

LA ENFERMEDAD: su concepto

"Según la valoración y el significado que dé el paciente a su dolencia, así serán también la índole de los remedios que busque, la naturaleza del curador, y los términos en que se desarrolle la relación curador-enfermo". 
La valoración y los significados de las dolencias están subordinados a la cosmovisión del paciente.
La cosmovisión mapuche, como su producto: la cultura, son hierocéntricas lo mismo que los valores que de aquella se derivan. Por tanto se comprenderá sin dificultad por qué la medicina delas culturas hierocéntricas, como la mapuche, es una parte de la tradición espirtitual o "religión", siendo su fundamento puramente "místico" y no empírico o racional.
La metodología interpretativa vivencial de la enfermedad, genialmente expuesta por Pedro Laín Entralgo, evita las falencias del método Historicista: observación objetiva de los distintos procedimientos terapéuticos para extraer de ellos conclusiones sobre su puro valor práctico y técnico, abstracción hecha de los elementos mágicos y religiosos; y las deficiencias del método Estructuralista: considerar a la medicina como un elemento más de una estructura sociocultural, es decir, de un sistema cuyos componentes son lo que son por el juego de sus relaciones mutuas.
Los métodos historicista y estructuralista no permiten ahondar en las raíces mismas de esas convenciones sociales definitorias de lo patológico, precisamente porque desentienden los factores que en último término las determinan, y estos precisamente deben buscarse en la cosmovisión, y en el caso mapuche, en una de tipo hierocéntrico y de connotaciones chamánicas.
"Los mecanismos que el shamán (machi) pone en acción durante el proceso de curación, corresponden no sólo a su propia vivencia del mito que da sentido a la práctica, sino también a la vivencia del paciente que los conoce.
Por lo tanto el enfermo siente que no es solamente una personalidad carismática, aunque esto influya, la que está actuando sobre él, sino toda su concepción del universo que da sentido tanto a la enfermedad como a la cura.



                                      El Ülutun - Rito terapéutico Mapuche



El paciente se siente entonces destinatario de todo un orden cósmico que entra en acción para ayudarlo, orden representado por la figura del shamán (machi) quien garantiza que el arquetipo de la relación enfermedad-curación pueda reiterarse con efectividad.
Tanto el agente como el paciente poseen una misma vivencia del proceso, vivencia que es incrementada por el shamán (machi) a través del ritual de curación, que revive la adquisición de poderes y la proyecta hacia el enfermo, hasta lograr que la percepción emotiva de éste quede absolutamente ligada al ritual que se oficia.
Sugestión es una fórmula demasiado simplista para designar un proceso en el que los actores se sienten destinatarios de un cosmos que les corresponde por derecho".

Es menester acotar que la cosmovisión mapuche, al igual que la griega arcaica, no es racionalista. La forma de pensar racional es reciente, surgirá incipientemente con Aristóteles para imponerse definitivamente en el siglo XVIII, a pesar de que la mayoría de los occidentales modernos estén erróneamente convencidos de que su cultura fue racional desde su inicio.
En virtud a esta diferencia de códigos culturales, las curaciones del machi, así como las de Asclepio (Esculapio) en Grecia, escapan a todo intento de comprensión racional por parte del hombre moderno.
Podrá entonces el lector comprender nuestro esfuerzo al intentar traducir la realidad de ciertos hechos de una manera que sea comprensible a mentes incapaces de percibirlos, mentes que por tal razón los niegan o les endosan una etiología racionalista (fisiológica, psicológica, "parapsicológica", etc.) que nada tiene de verdadera.
¿Cómo haremos para que un ciego de nacimiento comprenda y acepte la existencia de los colores?, más fácil le será negarlos, o si tiene buena voluntad, explicarlos con alguna teoría coherente a la obscuridad de su ceguera, pero inaceptable desde los hechos. Recuérdense los prisioneros de la caverna en La República de Platón.

El CRITERIO de NORMALIDAD

"Sólo son enfermedades aquellas reconocidas como tales por el grupo humano donde se desarrollan... No obstante que el hecho objetivo no puede negarse".
Por ejemplo, hay comunidades nativas de América del Sur que padecen de patologías endémicas desde hace siglos como la sífilis, y que consideran completamente normales los estigmas que este flagelo comporta, reputando en cambio por enfermos a aquellos que no adolecen esas deformaciones.
La sociedad, empero, al definir a su modo lo patológico, opera con un sentido propio de la normalidad y califica de enfermo a todo cuanto pugna con él.
Implica esto un aviso contra la arrogante aspiración de la ciencia occidental a dar validez absoluta a los conceptos con que opera.
Se exige una triple consideración de los comportamientos y actitudes, tanto con respecto a lo tenido por normal en una sociedad: autonormal, como lo que los occidentales modernos
consideran como tal: heteronormal, y como lo que es para el enfermo en cuestión en su realidad, en su sintomatología y en su significación personal: autosignificación individual.
Como acertadamente dice Luis Gil: "Lo que primariamente existen son enfermos concretos y no enfermedades".
Valga este introito para prevenir contra el habitual error metodológico de extrapolar conceptos médicos occidentales modernos a un contexto mapuche y aborigen en general, así como el considerar "enfermedades" a ciertos hechos, que para los mapuche o los pueblos tradicionales no lo son y viceversa.
Recuérdese al respecto las afirmaciones que consideran al machi o chamán como un enfermo mental; al mapuche que tiene una visión (= perimontu) como un alucinado, o al pobre sujeto que le han robado el alma como a un autista.
Para acceder al conocimiento mapuche se deberá sentir y pensar en mapuche, caso contrario jamás se lo podrá comprender acertadamente.

BREVE INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA MAPUCHE

Los distintos ASPECTOS de la REALIDAD y el ESTADO de CONCIENCIA CHAMÁNICO

Una misma realidad tiene muchos aspectos, el hombre habitualmente conoce sólo dos: la realidad ordinaria, la del mundo que lo rodea cuando está despierto, y la realidad no ordinaria, percibida en los sueños.
El mundo de los sueños es sólo uno de los muchos niveles de la realidad no ordinaria.
Todo ser o cosa tiene un aspecto en la realidad ordinaria o cotidiana, por ej.: una piedra: pero esa misma cosa tiene a su vez otro u otros aspectos muy distintos en los diferentes niveles de la realidad no ordinaria.
Siguiendo el ejemplo de la piedra, ésta será "una piedra" en la realidad ordinaria, pero en cambio en uno de los distintos niveles de la realidad no ordinaria ya no será una piedra sino una "lagartija", y en otro nivel un "enanito con alas".
El ser sigue siendo el mismo lo único que varían son sus características acorde al nivel ontológico en que se manifieste. O sea que la piedra, la lagartija y el enanito alado son el mismo ser aunque con distintos aspectos, según el plano de referencia que se tome.




No hay que omitir que en los niveles de realidad no ordinaria están abolidas la mayoría de las limitaciones físico-temporales, así como algunos conceptos empíricos de posibilidad
Ahora bien, los individuos que ven a la piedra del ejemplo dirán que sólo es una piedra, mientras conserven su conciencia en ese nivel de realidad ordinaria pero si desplazan su conciencia hacia los otros niveles, podrán percibir, ya a la lagartija, ya al enanito alado.


Estos cambios de percepción producidos por el desplazamiento de la conciencia, sin pérdida ni distorsión de la misma, han recibido distintos nombres y definiciones según los investigadores.
Al estado en que la conciencia está enfocada en un nivel de realidad ordinaria, o sea el estado de vigilia consciente del hombre moderno, lo llamaremos estado de conciencia ordinario, y a aquellos estados en los cuales la conciencia está desplazada hacia realidades no ordinarias los denominaremos con el nombre genérico de estado de conciencia chamánico, por ser éste una característica típica de las culturas chamánicas, como la mapuche. Pero no se interprete esto erróneamente creyendo que es un atributo propio de los chamanes.
Es importante destacar que los tipos de realidad, junto con sus respectivos niveles, son siempre objetivos, es decir externos al sujeto y por lo tanto susceptibles de ser percibidos por innumerables sujetos simultáneamente.
En cambio, los estados de conciencia correspondientes a cada uno de esos tipos o niveles de realidad son siempre subjetivos, propios del sujeto que los vivencia.
El estado de conciencia chamánico, como antes dijéramos, ha recibido distintos nombres según los investigadores que lo han estudiado:

Eliade 10 ................. estado extático.
Ludwig 11 ............... estado alterado de conciencia.
Zinberg 12 ............... estado alterno de conciencia.
Reinhard 13 ............. estado psíquico no-normal sin pérdida de la conciencia.
Castaneda 14 ........... "ver" o percepción de la realidad no normal.
Lowie 15 ................. percepción de las manifestaciones extraordinarias de la realidad.
Harner 16 ................ estado chamánico de conciencia.
Aukanaw ................. estado chamánico de conciencia, est. de conciencia expandido,
etc., etc.

La diferencia entre ambos estados de conciencia se puede precisar mejor si consideramos seres como los duendes, las hadas, los dragones o en nuestro caso (el mapuche): el chupeitoro, el choñchoñ, el waillepen, el shompalwe o el antüpaiñamku, etc.
...
SERES DE LA REALIDAD NO-ORDINARIA

Un individuo cuya conciencia se encuentre en un estado ordinario los considerará como "fantásticos"; en cambio otro sujeto que esté consciente en el estado chamánico podrá percibir a esos seres como reales, y a su vez como ilusorias a las experiencias del estado de conciencia ordinario o sea de la realidad ordinaria o cotidiana.
Ambos sujetos están en lo cierto, considerando el punto de vista particular de sus respectivos estados de conciencia. Es muy difícil emitir juicios imparciales sobre la validez de un estado de conciencia determinado desde su opuesto.
Como sostiene Carl Gustav Jung 17 "La idea, en tanto existe, es psicológicamente verdadera". Incluso a nivel de la Física-matemática, en la interpretación pluricósmica de la mecánica cuántica propuesta por Hugh Everett, de Princeton, y desarrollada posteriormente por Bryce S. de Witt y John A. Wheeler, de la Universidad de Texas (en Austin) y el profesor George Gale, de la Universidad de Missouri (Kansas) hallan confirmación los niveles ontológicos de la realidad no ordinaria.
Dos conclusiones de tal interpretación son: que la existencia de indefinidos mundos alternativos no puede ser descartada por pruebas físicas y que todos estos niveles o mundos son igualmente reales.
Una conclusión semejante fué a la que arribara también por vía del cálculo Gotffried W. von Leibnitz.
Existen diversos grados de desplazamiento de la conciencia, o alteración según algunos, dentro de los niveles de la realidad no ordinaria: desde ligero: los aborígenes en general; pasando por el profundo: los chamanes, los machi, los Ava-Katu-Ete del Paraguay, etc.; llegando al muy profundo, semejante en apariencia al "estado de coma": los chamanes arcaicos, los machi de antaño, los renü mapuche en la actualidad, ciertos lamas tibetanos, algunos maestros taoístas y saddhus indostánicos, etc.
El estado de conciencia chamánico es más seguro que el soñar. En los sueños uno no tiene
control de sus actos, en cambio en el estado chamánico sí lo tiene, así como también puede entrar a voluntad y, dado que está en un estado de vigilia consciente, se puede salir del mismo en cualquier momento.
Es interesante hacer notar el paralelo, aunque sólo válido en la esfera psicológica, con la
"Psicoterapia por ensueño dirigido" elaborada por Robert Desoille.
En ella se trabaja con una leve alteración de la conciencia, así como también se considera la existencia de distintos niveles de conciencia con características propias, a través de los que se hacen desplazar imágenes míticas sugeridas por el terapeuta. Dichas imágenes se transformarán acorde al nivel que atraviesen pero siempre manteniendo su identidad esencial. Esta técnica se basa en los trabajos de Charles Henry y A. Lemouche, habiendo sido posteriormente desarrollada por Nicole Fabre, entre otros.
Tomemos un ejemplo gráfico de la Grecia clásica para aclarar el concepto de realidad ordinaria y no ordinaria.





En la figura vemos un relieve que nos muestra al joven Arquino en el templo de Anfiarao. Este relieve fué interpretado por Herzog de un modo análogo al que expondremos pero sin llegar a percatarse de la importancia capital del asunto.

El joven Arquino aparece recostado durante la incubatio (técnica terapéutica onírica de carácter chamánico), dejando descubierto su hombro derecho, que succiona una enorme serpiente.
En primer plano, en el extremo izquierdo del relieve votivo. con rasgos de un hombre barbado, la divinidad Asclepio, aplica un tratamiento al hombro del mismo muchacho.
El relieve nos muestra dos planos existenciales del hombre, la realidad no ordinaria donde opera el dios en persona, como le era dado percibir a los enfermos dormidos en el santuario; y la realidad ordinaria donde se ve la epifanía teriomorfa de la divinidad, es decir a Asclepio en forma de serpiente, tal como era dado percibir a los testigos que no participaban de la terapia.
Otro testimonio interesante del mundo clásico al mismo respecto nos lo da Aristófanes en su obra Pluto.
En ella se le hace contemplar al pícaro Carión paralelamente los dos planos en los que se desenvuelve la acción curadora del dios Asclepio, cuando en realidad a los hombres sólo les es posible tener acceso a uno de ellos por vez. En este caso particular, según estén despiertos o dormidos.



PSICOLOGÍA MAPUCHE

Munido ya el lector de alguna información sobre los tipos de realidad y estados de conciencia, internémonos en el mundo mapuche y veamos lo que dice Tomás Guevara en su obra La Mentalidad Araucana
"...las manifestaciones de actividad mental que se producen en el sueño para el indio (se refiere al mapuche. Nota de Aukanaw) representaban percepciones tan reales como las del estado de vigilia".
"Así como había un cuerpo de reglas tradicionales que regía la vida despierta, existía igualmente un método prolijo para encaminar hacia lo útil la vida dormida".
Prosigamos ahora con el sagaz observador Juan Benigar: "Si sometemos al examen el contenido de los juicios causales araucanos, notaremos en ellos dos grupos fundamentalmente distintos de elementos.

Al primer grupo pertenecen los fenómenos cuya verificación es accesible a los sentidos humanos, y el segundo se compone de elementos que se elevan por encima de las facultades percibidoras del hombre común actual.
A sabiendas con intención introduzco esta última limitación, porque no es necesario que el hombre siempre tenga estos cinco, seis, siete, ocho sentidos -ni el número exacto les sabemos-, ni es imposible que haya hombres que posean alguno más, como hay otros a quienes algunos faltan".
El lector que nos haya seguido con atención se podrá percatar que en los años veinte Benigar exponía, aunque entre líneas, los conceptos que recién serán postulados a partir de mediados de los años cincuenta sobre los distintos estados de conciencia.
Él llama a esos dos grupos físicos y metafísicos:
"Los elementos metafísicos -sigue diciendo Benigar -son las propiedades ocultas de los objetos y los seres míticos..." a estos últimos "está reservado un papel importantísimo en la ideología nativa. Ellos parece que están en el fondo de todas las cosas y de todos los sucesos."
Sobre el mapuche de nuestros días nos refiere la antropóloga Else Waag: "La relación hombre-naturaleza que establece el mapuche es distinta de la que hace el hombre occidental europeo por hallarse basada en supuestos que para éste no son sostenibles... la ausencia de fronteras entre lo que es fantástico y lo que es real, entre los objetos ilusorios y objetos concretos...".
Creemos superfluo todo comentario a estos testimonios que no hacen otra cosa que confirmar lo ya dicho con respecto a las culturas chamánicas en general. 
El lector recordará que antes mencionamos como ejemplo una piedra que en la realidad no ordinaria era una lagartija, ahora comparemos ese ejemplo con el testimonio que nos da el mapuche R.C.:
"La piedra ésa que tiene Kallfükura... dicen que cuando la manda a alguna parte a hacer alguna cosa, dicen que camina la piedra. Camina así nomás arrastrándose... hay que saber mucho como tiene que manejarla, esa piedra puede terminar con su familia... lo come..." "...hace de piedra nomás, pero no es piedra... que formaba como una lagartija... pero no tiene cola... la cabeza tiene forma de lagartija... (de) eso es dueño Kallfükura ".
Es fácil comprender la dificultad que representa al sujeto transmitir a una persona moderna una vivencia, que liga los dos aspectos ordinario-no ordinario de una misma cosa.
El mapuche Ramón Lienan 26 nos dirá sobre este asunto: "Namunkura... hijo de Kallfükura, tenía un cherrufe: era una piedra. La mandaba donde quería: adonde los caciques contrarios, los mataba. Vuela como el fuego. Sale el cherrufe de las piezas
cerradas, por cualquier parte."
Agrega al respecto el mapuche José Lonkitue:  "Cierta vez un mapuche encontró una oveja color pardo en medio de una laguna, en el acto se puso a tomar la oveja el mapuche, sacándose el chamal . Al tiempo de tomarla en la mano se volvió una piedra en forma de hombre. El mapuche guardó esta piedra para siempre... le anunciaba cuando había alguna guerra. Salía a volar de noche en forma de cometa. Estos se llaman cherrufe en mapuche."

Quedan entonces claros los siguientes puntos testimoniados

1) El aspecto no-ordinario:
a.- En su condición estática: la oveja parda, la lagartija.
b.- En su condición dinámica: en todos los casos como una bola de fuego.
2) El aspecto ordinario:
Una piedra con forma de hombre (= chekura, chelkura).
3) Que los objetos existentes en el nivel ordinario no son obstáculo al desplazamiento de las entidades del nivel no ordinario: "atraviesa las paredes el cherrufe."
El mapuche tradicional no hace, en sus expresiones, distingo entre los distintos niveles de la realidad en los que fluctúa su conciencia, «no necesita especificar a sus compañeros de tribu en qué estado de conciencia se encontraba cuando tuvo una determinada experiencia -dice el Dr. Harner-. Ellos lo saben inmediatamente, porque ya han aprendido qué tipos de experiencias tienen lugar en el estado de conciencia chamánico y cuáles en el estado normal de conciencia (= estado de conciencia ordinario).

Sólo el occidental carece de este conocimiento previo. Lamentablemente los observadores occidentales que no tienen gran experiencia con estados alterados de conciencia, a menudo olvidan preguntar en qué estado cognitivo se encontraban sus informantes nativos cuando tuvieron experiencias imposibles... En otras palabras, los que están limitados no son los pueblos primitivos sino nosotros que somos incapaces de comprender la doble naturaleza de... "la realidad"».
La capacidad del machi antiguo y del renü consiste en su aptitud voluntaria, y no en la circunstancial o perimontu, de lograr desplazar su conciencia hacia un estado chamánico muy elevado.
Gracias a estas breves nociones el lector está ya en condiciones de poder comprender
cabalmente un rito terapéutico mapuche: el ülutun. Esa será la siguiente etapa en nuestro viaje a través de la Medicina Mapuche.